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La otra orilla

  Te espero hasta que vuelvas. Como quieras, me dijo por lo bajo al cruzar la puerta. Busqué su mirada mientras estuvimos juntos. Sus ojos esquivos, sólo se detuvieron de a ratos, en ese conejo desvencijado y sucio que le regalé hace tiempo. Había crecido. Sus rasgos ya no eran los de ese niñito que vi por última vez. No recuerdo cuánto tiempo transcurrió desde entonces. Me asfixiaba ahí adentro. Cada rincón, cada objeto de esa casa está poblado de recuerdos. Aquí al menos corre aire fresco. No hay gente a esta hora en las calles. Solía detenerme en este mismo banco, camino a la escuela a esperar a María. Éramos inseparables, andábamos juntas todo el día.   Me inclino hacia un costado y giro un poco, de refilón alcanzo a ver la ochava, ahora pintada de rosa. Abandonar tu casa, tu marido, tu hijito... ¿qué mujer haría lo que vos hiciste?, sólo una puta. Nos da vergüenza que seas nuestra hija.   No vuelvas a llamar. Tac!, retumbó en mi oído. Seguro mi padre estaba a...

Autorreferencia Provisoria

Si tuviera que decir de mí, diría... Soy como una producción artesanal una pieza única de un material rudimentario, rico en minerales maleables, dóciles, reductibles. Me amaso con mis propias manos. Regada desde adentro con pura sangre italiana que sabe a destierro, a orfandad, a pobreza pero que también huele a trabajo duro, a voluntad y a esperanza. A los cuatro años jugaba a la maestra y mentía que leía en voz alta sin saber hacerlo aún. Corregía cada página con un "muy bien 10" o un "te felicito", según el aspecto de esa torta fotografiada en el único libro que existía en mi casa y que mi madre cuidaba con celo: "Cocinando con Doña Petrona C. de Gandulfo". Almaceno dos reservorios de palabras, dos paradigmas que pertenecen a universos diferentes. Uno contiene herramientas con las que construyo metáforas desbordantes de sentido, "los versos más bellos"  diría Neruda. También sirven para armar e...

Iracunda

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     Una leve vibración erizó mi piel áspera y gris. Sentí animales pequeños y grandes correr sobre mi, entre disparatados aleteos de aves en huida desesperada. Oscuros bancos de peces, en veloz movimiento sincronizado, desordenaron el andar acompasado de las olas y el mar arrojó un aroma penetrante de despedida.       El cielo se cubrió de negrura espesa y bulliciosa. Inquietante. Luego vino el bramido como de bestia herida. Y atormentada.     No se demoraron los movimientos espasmódicos, que de náuseas mudaron lentamente, a incontenibles arcadas. Reconocí esa antigua violencia destructiva, irreversible una vez que se desata.      Y  llegaron  las convulsiones tan temidas.  T odo se puso candente, ardoroso.   Se perforó la cubierta de mi cabeza y las rocas se esparcieron por los aires.      Una oleada de fuego vivo me quemó las entrañas y los gritos de piedras, junto al llant...

Atardecer en el monte

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  Atardecer en el monte       Amalgama de intensos rojos, magníficos y apasionados, caprichosos naranjas y amarillos oscilantes. Acople perfecto que se escurre entre los troncos robustos y emerge como una llamarada incandescente.      En el fondo, casi imperceptibles, las vías del tren y algunas casas junto al Boulevard Centenario.      Las horas se aquietan y observan absortas este acontecer. El cielo se puebla de alas en busca de refugio nocturno. Inmensa tertulia. Encantadora sinfonía de gorjeos irreverentes.      Algunos cortejos fugaces se delatan por el alboroto de plumas esparcidas por el aire. ¿Amarán los pájaros en medio de tanta urgencia?      Todo ocurre en unos pocos segundos, como un parpadeo irregular pero a cámara lenta.      La vehemencia bermeja se desvanece. Las voces se acallan.      Ahora el silencio.

Katan Kawin

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Katan Kawin (fiesta de perforación de los lóbulos de las orejas)  En la sociedad mapuche el de machi y el de retrafe son “oficios sagrados”;  cada uno a su manera es especialista en el arte de transmutar… El lenguaje de los Dioses Ana M. Llamazares y Carlos Martínez Sarasola      Luego de la décima luna llena posterior a su nacimiento comenzaron los preparativos del katan kawin .        -“No habrá dos festejos en uno” -, había dicho mi fotem ( hijo)      Decidió que seguiría los tiempos marcados por el arribo de las niñas a la mapu ( tierra, región) , aunque hubiera ocurrido el mismo día. Y agregó:    -“Primero será la celebración de Ayelén y esa pinta (señalando con su índice hacia el corral) será la yegua”.       Era una de las más bravas y muy difícil de amansar, con grandes manchas marrones, claras y oscuras, sobre un pelaje blanco como la nieve misma.  Sus ojos vivaces d...

El machitún

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Re we lelay tati: “eso no es así no más” (las cosas no son necesariamente lo que aparecen, lo que muestran, son más bien lo que esconden). Expresión anónima indígena DE LA TRADICIÓN ORAL MAPUCHE El machitún (Ceremonia destinada a sanar a los enfermos del "mal" que le han provocado "espíritus malignos").     Apenas unas horas después de nacida, cuando mi padre me tomó en sus brazos, una gran sonrisa se dibujó en mi rostro. Ayelén, dijo emocionado, así se llamará.      Sin dudas, pude apreciar al instante la grandiosidad de ese hombre robusto, joven y fuerte, con unos ojos negros penetrantes que se alojaron en mi alhué (alma) para siempre. Ayelén significa alegría, sonrisa. A través de este gesto nos bienrecibimos ese día de fines de otoño. Rimu (otoño) próspero en nacimientos para la aldea, porque horas después, al atardecer, nació Railef, ambas hijas de Lientur el lonko (Jefe de una comunidad mapuche) del lof ( comunidad mapuche).    ...

Ataviar el cuerpo

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       Las palabras son como prendas de vestir esparcidas en un gran vestuario atemporal y sin límites de espacio.      Colores texturas de calle de noche de trabajo de hombre de mujer de niño de niña de bebes nuevas viejas harapientas en desuso.      Miro mi guardarropas personal y los atuendos de mi talla ordenados en él. Calzados y prendas vacías, hasta cuando decida zambullirme en ellas, a ponerles el cuerpo.      Hay otras, muchas otras que no alcanzan un uso legítimo, sin embargo su presencia es irrebatible. Son atuendos desprovistos de sonoridad, visten mi mente y sólo yo los puedo descifrar.      A veces están organizados por colores, disponibles sobre los estantes, otras veces anuncian pequeñas catástrofes o enmarañados cataclismos posibles, e improbables. Como si alguien se hubiera empeñado en vaciar los cajones en el piso, embarullandolo todo.      Vuelvo a mi guardarropas. De a...