Está nublado, llueve, sale el sol, luna menguante, luna nueva, creciente, luna llena, otra vez luna llena, ahora en tauro. La noche y el día. Como dos únicas notas que se repiten abortando la melodía monótona de lo cotidiano. Abro la ventana que da a la calle y miro, ni un alma se ve, la dejo abierta. Por la puerta de entrada no entra nadie desde hace cincuenta y tantos días exactamente, el timbre se cubre de telarañas. La puerta interior que comunica con nosotros permanece entreabierta, entro con frecuencia a procesar la desmesurada información que encuentro en los medios de desinformación. Miro cuantos muertos hubo las últimas veinticuatro horas ocasionados por un único motivo, como si hubiera un solo pretexto para morir. ¿Será éste mi pretexto? Salgo, sin antes recordar “nadie muere en la víspera” . Despejo la mesa de trabajo, po...